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Por qué me encanta ser guía privada en Barcelona

hace 6 horas
6 min de lectura

Hacía tiempo que quería escribir sobre esto. Porque me siento muy agradecida de poder dedicarme a algo que disfruto tanto, y me apetecía ponerlo en palabras.


Maria, de Guapalona, guiando a un grupo por Barcelona.

Hay muchas razones por las que me encanta trabajar como guía de tours privados en Barcelona. Me gusta ser una especie de embajadora de mi ciudad: enseñarla, contar sus historias y acercar un poco la vida de aquí a quienes vienen a conocerla 🥰


Además, estoy en una de las mejores ciudades del mundo para hacerlo, ya que Barcelona me lo pone bastante fácil. Es una mina: arquitectura para aburrir (aunque a mí no me aburre), historia bajo el asfalto y curiosidades por todas partes. Siempre hay algo más que aprender, incluso en calles por las que he pasado cientos de veces.


Pero lo que más me gusta de este trabajo va mucho más allá de la ciudad.


Gente de todas partes, historias de todo tipo


Hacer tours me permite conocer a personas que, de otra manera, difícilmente se cruzarían en mi camino. Parejas, familias, grupos de amigos… De Australia a Estados Unidos, pasando por Singapur, Filipinas o Sudáfrica.


Y con vidas de lo más distintas: arquitectos, militares, médicos, músicos, bailarinas, profesionales del marketing, granjeros… También gente que está en Barcelona para asistir a un congreso y aprovecha para conocer la ciudad. La lista es infinita, como lo es el mundo.


Durante unas horas compartimos un pequeño trocito de nuestras vidas. Me encanta conversar con ellos, conocer sus historias, intercambiar perspectivas y hablar de lo que pasa en el mundo. Yo les cuento cosas de Barcelona, pero también me llevo mucho de esas conversaciones.


También me doy cuenta de que no está todo perdido: con lo convulso que está el mundo y la poca fe en la humanidad que a veces nos queda después de leer las noticias, la grandísima mayoría de las personas que conozco son encantadoras. Gente curiosa, que quiere el bien, con ganas de aprender, de entender el lugar que visita y de acercarse a una cultura distinta de la suya.


Conversación tras el tour: una pareja cuenta a Maria la alegría que les ha transmitido.
«Y tú aportas tanta alegría a gente como nosotros».

No está nada mal como recordatorio diario. Y ya sé que no soy imparcial, pero... será que tengo los mejores clientes del mundo.


Ver mi ciudad con otros ojos


Una de las cosas bonitas de enseñar el lugar donde vives es poder verlo a través de quienes lo descubren por primera vez.


A veces me hacen una pregunta o se fijan en un detalle al que yo apenas había prestado atención. Porque cuando algo forma parte de tu paisaje cotidiano, es fácil dejar de verlo. Hasta que alguien se para, mira hacia arriba y te lo devuelve.


También tengo la suerte de recorrer Barcelona a distintas horas y en distintas épocas del año. Y eso cambia mucho la experiencia. No tiene nada que ver pasear por el Barrio Gótico a las nueve de la mañana, a mediodía o a las nueve de la noche. Cambian la luz, los sonidos, el ritmo de las calles.


Es la misma ciudad, pero no se siente igual. Y me gusta conocer todas esas versiones.


Y además, me mantiene activa. Camino muchísimo. Entre historias, conversaciones y paradas, voy sumando kilómetros casi sin darme cuenta. Aunque al llegar a casa a veces las piernas se encargan de recordármelo 😜


Compartir mi cultura y poner las cosas en contexto


Otra de las razones por las que me gusta realizar tours privados es que me encanta acercar mi cultura a quienes nos visitan: la catalana, que es la mía, y también la española, con lo que compartimos y lo que nos diferencia.


Figura de un caganer con barretina roja en la entrada de una tienda de Barcelona.
El caganer. Algunas tradiciones catalanas necesitan un poco de contexto 😂

Hablar de nuestra historia, de la lengua, de las tradiciones y de la vida cotidiana. De lo que se ve al pasear y de lo que quizá necesita una explicación para entenderse. Dar un poco de contexto al lugar en el que se encuentran.


Aquí también sale mi vena de periodista. Me gusta comunicar, contar historias e historietas, conversar y despertar curiosidad.


También disfruto conectando el pasado de la ciudad con lo que quienes nos visitan ven hoy a su alrededor. Sus preguntas muchas veces me llevan a seguir investigando y aprendiendo. Y Barcelona, y Cataluña por extensión, tienen material de sobras para todo eso.


Cuanto más la conozco (y eso que la conozco de toda la vida), más consciente soy de la riqueza histórica, arquitectónica, arqueológica y cultural que tenemos. ¡Poder dedicarme a descubrirla y compartirla me parece un auténtico privilegio!


El turismo que todos queremos


También me importa cómo hacemos turismo, un tema que aparece a menudo en las conversaciones sobre la ciudad, tanto entre los barceloneses como con quienes nos visitan.


Por un lado, Barcelona es mi casa y la de muchas otras personas, y quiero que mi manera de enseñarla sea respetuosa con quienes vivimos aquí. Para mí, un buen tour también sirve para entender la vida del barrio, apoyar al comercio local y recordar que lo que para unos son vacaciones, para otros es su día a día.


Por el otro, la gente que ha llegado de fuera también forma parte de la historia de Barcelona. Desde sus propios fundadores —que tampoco eran de aquí 😅— hasta quienes han venido a vivir, trabajar o conocer la ciudad a lo largo de siglos y siglos de historia. Esa mezcla también forma parte de lo que somos.


Desde mi perspectiva, y como casi todo en esta vida, se trata de encontrar ese bendito equilibrio donde tanto unos como otros tengan su espacio. Cuidando la identidad de la ciudad y el tejido social y cultural que la mantiene viva, con respeto en ambas direcciones.


Por eso me gusta pensar que puedo ser un pequeño puente entre quienes llegan y quienes vivimos aquí. Ayudar a entender nuestras costumbres, explicar por qué algunas cosas generan malestar y crear espacio para la curiosidad y la conversación. Es otra de las razones por las que este trabajo tiene sentido para mí.


Viajar un poco sin salir de Barcelona


Una familia agradece el tour y cuenta que la madre se quedó con ganas de abrazar a Maria.
«Lo pasamos genial. Mi madre se disculpó por no haberte dado un abrazo; se quedó con cargo de conciencia. Eres una guía estupenda. Pásanos tu Instagram o tu ebook, si tienes. ¡Volveremos a visitarte muy pronto!».

Y casi sin esperarlo, me he dado cuenta de que este trabajo reúne y mezcla muchas de las cosas que más me gustan: mi ciudad, la comunicación, la gente y ese espíritu viajero de querer saber qué hay más allá de lo que una conoce.


Yo enseño Barcelona, pero escuchar a quienes vienen de otros lugares también es una forma de asomarme al mundo.


Además, cuanto más pasa el tiempo, más convencida estoy: aunque cambien el idioma, el color de piel, las costumbres o las creencias, todos tenemos mucho en común.


Lo veo cuando hablamos de la familia, de los hijos, de los padres o de los abuelos. Con todas nuestras diferencias, se repite el deseo de estar bien, de que los nuestros estén bien y de encontrar nuestra manera de vivir lo mejor que podamos.


Conocer a gente de lugares tan distintos me ayuda a tenerlo presente, y me siento muy afortunada de poder compartir estos momentos que me ayudan a expandirme y a sacudir los prejuicios.


Formar parte de un buen recuerdo


También hay algo en este trabajo que me llena especialmente: sentir que puedo aportar algo bonito a la experiencia de alguien. Las personas que acompaño han elegido pasar unas horas de su viaje conmigo, y me hace ilusión pensar que lo que compartimos puede formar parte de sus recuerdos de Barcelona.


Mensaje de un cliente que vuelve a contactar con Maria cinco años después de su visita guiada.
«Hola, Maria, soy Julius, de Alemania. Hace cinco años hicimos contigo una visita guiada por el Gótico. ¿Sigues trabajando como guía en Barcelona? 😀».

Antes, en mi primera etapa profesional, solía escribir notas de prensa (que tampoco está mal 😜) y muchas veces me costaba ver qué aportaba todo aquello. Con los tours lo siento de una forma mucho más directa: en una conversación, en una cara de sorpresa, en alguien que al despedirse te dice lo bien que lo ha pasado.


Puede parecer algo pequeño, pero para mí tiene mucho sentido haber contribuido a que alguien se lleve un bonito recuerdo de mi ciudad y haya podido tener un acercamiento con la cultura catalana.


Y al final, siempre vuelvo contenta a casa


Maria, de Guapalona, riendo en una mesa azul frente a una pared decorada con arte urbano en Barcelona.

Sí, es mi trabajo y vivo de ello. Pero muchas veces, mientras paseo y converso con quienes me acompañan, no tengo la sensación de estar trabajando. Estoy haciendo algo que disfruto de verdad.


Tengo la suerte de dedicarme a una actividad que combina muchas cosas que me gustan, en un lugar que sigue despertándome curiosidad.


Y al final, siempre, vuelvo contenta a casa ❤️



¿Te apetece descubrir Barcelona conmigo? Echa un vistazo a mis tours privados. Me encantará compartir contigo un pedacito de mi ciudad.

 
 
 

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